sábado, 21 de octubre de 2023

El misterio de la calabaza desaparecida (Cuento)


 Había una vez en un pequeño pueblo llamado Dulceville, donde Halloween era la festividad más esperada del año. Los niños y niñas se preparaban durante semanas para tallar calabazas, vestirse con disfraces terroríficos y salir en busca de dulces. Pero este año, algo extraño estaba sucediendo en Dulceville.

Un día, la pequeña Lucy, una niña curiosa de diez años, estaba caminando por el mercado de calabazas con su hermano Ben. Había una brisa fresca en el aire y el olor a canela y nuez moscada llenaba el ambiente. Las calabazas de todos los tamaños y colores se apilaban en los puestos de los agricultores. Lucy estaba emocionada por elegir la calabaza perfecta para tallar, pero al llegar a su puesto favorito, se dio cuenta de que algo no estaba bien.

—¡Ben, mira! —dijo Lucy, señalando el puesto de la señora Jenkins, la granjera local. El puesto estaba vacío. Las calabazas habían desaparecido.

Ben frunció el ceño y miró a su alrededor. Todos los demás puestos estaban llenos de calabazas, pero el de la señora Jenkins estaba vacío.

—Eso es extraño —dijo Ben—. ¿Dónde estarán las calabazas de la señora Jenkins?

Lucy tenía una idea. La señora Jenkins siempre tenía las calabazas más grandes y jugosas, por lo que su puesto era muy popular en Halloween. Además, la señora Jenkins era amable y generosa con los niños del pueblo.

—Vamos a investigar, Ben —dijo Lucy con determinación.

Los hermanos se dirigieron a la granja de la señora Jenkins, que estaba a las afueras del pueblo. Al llegar, vieron que la granjera estaba sentada en su porche, mirando tristemente hacia el campo.

—Hola, señora Jenkins —saludó Lucy—. ¿Le ha pasado algo a sus calabazas?

La señora Jenkins suspiró y asintió con la cabeza.

—Sí, queridos. Anoche, alguien vino y se llevó todas mis calabazas. No sé quién pudo haber sido, pero estoy segura de que fue un ladrón. Estoy devastada.

Lucy y Ben intercambiaron miradas determinadas. Sabían que tenían que resolver este misterio y encontrar las calabazas robadas.

—No se preocupe, señora Jenkins. Vamos a encontrar a ese ladrón y devolverle sus calabazas —prometió Ben.

La señora Jenkins les agradeció y les dio permiso para buscar pistas en su granja. Los niños comenzaron su búsqueda, examinando cada rincón de la granja en busca de pistas. Después de un rato, Lucy encontró algo interesante en el suelo cerca de la puerta del granero.




—¡Mira, Ben! —exclamó Lucy—. ¡Huellas de barro fresco! Alguien estuvo aquí anoche.

Ben examinó las huellas y asintió.

—Es cierto. Estas huellas no estaban aquí antes. Debemos seguirlas y ver a dónde nos llevan.

Los niños siguieron las huellas de barro a lo largo de un sendero que los llevó al bosque cercano. Mientras caminaban, comenzaron a notar extrañas luces parpadeantes en la distancia.

—¿Qué es eso? —preguntó Lucy, asustada.

Ben miró hacia las luces y sonrió.

—Son luciérnagas, Lucy. No hay nada que temer.

Las luciérnagas iluminaban su camino mientras seguían las huellas de barro. Finalmente, llegaron a una pequeña cabaña escondida en el bosque. La puerta estaba entreabierta, y las huellas de barro llevaban directamente hacia ella.

Con valentía, los niños entraron en la cabaña y se encontraron con un sorprendente espectáculo. Dentro, había un niño de su misma edad, llamado Tommy, rodeado de calabazas talladas de todas las formas y tamaños.

—¡Hola! —saludó Tommy, sorprendido—. ¿Qué hacen aquí?

Lucy y Ben explicaron que estaban investigando la desaparición de las calabazas de la señora Jenkins. Tommy pareció nervioso y tartamudeó al responder.

—Y-yo las encontré en el campo y pensé que sería divertido tallarlas. No quería robarlas, lo juro.

Los niños se dieron cuenta de que Tommy no era un ladrón, sino un niño que simplemente había cometido un error. Le explicaron la importancia de pedir permiso y ser honesto. Tommy se disculpó y prometió devolver las calabazas a la señora Jenkins.

Juntos, los tres niños llevaron las calabazas de vuelta a la granja de la señora Jenkins. La granjera estaba emocionada de ver sus calabazas de regreso y agradecida con los niños por resolver el misterio.

Esa noche, Lucy, Ben y Tommy se unieron para tallar las calabazas y celebrar Halloween juntos. Decoraron la granja de la señora Jenkins con linternas de calabaza y se disfrazaron con trajes espeluznantes. Fue la mejor fiesta de Halloween que Dulceville había visto en años.

Al final de la noche, la señora Jenkins les agradeció una vez más a los niños por su ayuda y les dio una gran bolsa de dulces como recompensa. Los tres amigos regresaron a casa felices y satisfechos por haber resuelto el misterio de la calabaza desaparecida y por haber hecho nuevos amigos en el proceso.

Desde entonces, Lucy, Ben y Tommy se convirtieron en inseparables, y Halloween se convirtió en su festividad favorita, llena de risas, aventuras y calabazas talladas con amor. Dulceville nunca olvidó la historia del misterio de la calabaza desaparecida y cómo tres valientes niños lo resolvieron juntos.



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