Esta mañana estaba pensando que tenía que poner una lavadora. Y mi pronóstico del tiempo decía que iba a hacer un día soleado, sin embargo, sigue nublado y le pregunté a mi teléfono por qué me sigue engañando.
Luego reflexioné en lo personal que se vuelven algunas cosas para uno, y la manera en que nuestro cerebro va hilando ideas y conversando con nosotros mismos. Normalmente, me veo hablando conmigo misma todo el día, a veces en voz alta y otras veces me contesto mentalmente, pero nunca estoy sola.
Sé que es una actitud normal, lo que pasa es que mi mente no descansa. Tengo una compañera que se la pasa dándome instrucciones y pensando más rápido que yo. De ahí a que la mayor parte del tiempo voy por detrás de esa voz que se presenta en cualquier momento, sin más.
Hay veces que me siento tan cuadriculada que no me doy cuenta de que he hecho todo lo que tenía pensado del día anterior hasta que repaso mi lista de "cosas por hacer". Es entonces cuando caigo en cuenta de que estoy semi-mecanizada.
Mi cuerpo hace las cosas que tengo que hacer y mi mente sigue ocupada organizándome la vida. Es una reacción en cadena que no puedo controlar, muy eficaz, es cierto, pero me molesta darme cuenta al final del día de que he hecho todo y el día se ha ido sin novedades.
¡Aun así, considero que me hacen falta más horas al día, tengo un montón de proyectos sin terminar y cosas que debería haber empezado a hacer ya! Vamos, que al final, todo el mundo debe pensar que le hacen falta un par de vidas más para hacer todo lo que se quiere hacer porque el día no puede durar más horas.
Y ahora, seguiré aquí sentada mirando por la ventana y preguntándome por qué tengo que levantarme a hacer cosas...
Con cariño, Benny

No hay comentarios:
Publicar un comentario